Ética cuántica: el día que entendí que “sanar al otro” puede ser ego

Ética cuántica: el día que entendí que “sanar al otro” puede ser ego (y cómo se cambia de línea temporal)

Hay algo que veo repetirse en casi todos los caminos espirituales, terapéuticos y “cuánticos”.

Gente buena. Gente sensible. Gente que quiere ser luz.

Y, sin embargo… gente que sigue jugando el mismo juego: víctima, salvador, victimario. Cambian el vocabulario, cambian el maquillaje, cambian el mantra… pero el juego es el mismo.

Y ese juego, aunque suene duro, es energía baja. Y en lo real se paga: en el cuerpo, en los vínculos, en el dinero, en el desgaste, en la vida.

Hoy quiero ordenar una idea que para mí fue un antes y un después, y que está en el corazón del Módulo 4cómo se crea la realidad, cómo opera el tiempo… y cómo la ética define lo que manifestás.

La base no son “las cuatro palabras”: es la responsabilidad

Cuando yo fui a buscar sanación real —no discurso, no frases bonitas— me topé con alguien que, te guste o no, tuvo resultados medibles: el Dr. Ihaleakala Hew Len (Ho’oponopono).

Y acá me quiero detener, porque se armó una confusión enorme con el tiempo.

Hay gente que cree que Ho’oponopono es repetir:

lo siento, perdóname, te amo, gracias

Eso puede servir como práctica de presencia, sí. Pero la base no son las cuatro palabras.

La base es una sola:

Responsabilidad.

Responsabilidad no es “culpa”. Responsabilidad es cómo respondés. Es tu manera de responder frente a lo que te pasa. Y si un tipo te dice que sanó cientos de personas, como mínimo lo escuchás con respeto. No desde el “yo opino”, sino desde el “ok, mostrame el mapa”.


El “gen” de hablar sin conocer (y por qué eso destruye realidades)

Yo sé que esto va a incomodar, pero lo digo con amor y con crudeza: hay un deporte nacional —en Argentina se nota mucho, pero no es exclusivo— que es hablar sin conocer.

Opinar sin haber vivido. Afirmar sin haber atravesado. Repetir como loro lo que “se dice” sin que sea propio.

Desde un camino iniciático, eso es una falta de ética.

Porque la ética no es un sermón: la ética es una elección de realidad.

Es elegir:
¿juego del lado de la luz… o del lado de la sombra?

Y ojo: “sombra” no es un demonio afuera. Sombra es cuando tu ego toma el volante, se disfraza de bueno… y te convierte en lo que dice combatir.


Lo que dijo el Dr. Len y casi nadie quiere escuchar

El Dr. Len dijo algo que, si lo entendés, te cambia para siempre:

“Podés sanar el mundo. ¿Cómo? Sanándolo en vos.”

Y lo explicó así, de una manera brutal:

“Hay enfermos en el mundo porque existen médicos.”

¿Lo entendiste?

No es un ataque a la medicina. Es una explicación de cómo se arma una realidad: si yo necesito ser “salvador”, necesito víctimas. Si yo necesito ser “sanador”, necesito enfermos. Si mi identidad se sostiene en eso, mi sistema (mi ego) va a buscar que eso exista.

Duele. Sí. Al ego le duele.

Porque el ego quiere sentirse importante.

Y la forma más fácil de sentirse importante es:

  • rescatar a alguien
  • enseñar desde superioridad
  • “luchar contra villanos”
  • armar bandos

Eso alimenta una ética de oscuridad aunque esté envuelta en luz.


Víctima, salvador, victimario: la tríada que te drena

En el Módulo 4 lo trabajamos fuerte porque es clave:

Víctima – Salvador – Victimario
Ese triángulo es una máquina de crear sufrimiento.

Y lo peor es que se siente moralmente correcto.
Sobre todo el “salvador”.

Pero te lo digo directo: cuando alguien vive en modo salvador, el cuerpo lo acusa. No por castigo místico: por coherencia energética.

El salvador necesita que el otro siga “abajo”.
La víctima necesita que alguien la “salve”.
El victimario necesita poder o control.

Y todos se retroalimentan.

Si querés luz, no podés seguir jugando ese juego.


El espejo: no es “enojarte con el otro”, es mirarte

A mí me costó entenderlo, pero cuando entró… entró.

No se trata de pelearte con el otro.

Se trata de ver qué te refleja.

Si yo miro a alguien y digo: “qué hijo de puta”… perfecto: ¿dónde está eso en mí? ¿Dónde lo sostengo? ¿Dónde lo niego? ¿Dónde lo reprimo? ¿Dónde lo hago “con buena cara”?

El espejo no es poesía: es mecánica espiritual.

Y la práctica (Ho’oponopono bien entendido) se vuelve una herramienta de precisión:

No para “ser bueno”, sino para detectar en qué momento dejé de ser ético con mi energía.

“Basta”: el corte que el ego odia (y que tu alma necesita)

El ego no se resiste por muchas cosas. Se resiste por una sola:

no quiere que crezcas.

Entonces dramatiza. Complica. Enreda. Llora. Justifica. Intelectualiza.

Y hay un momento donde tenés que hablarle como se le habla a un niño maleducado:

Basta. Cortala.

No es violencia. Es firmeza. Es función paterna.
Es energía masculina sana: dirección, límite, decisión.

Porque si no hay corte, no hay salto cuántico.

El salto cuántico no es “entender”.
El salto cuántico es dejar de hacer lo que sabés que te hace mal.


El vacío: el lugar donde entra lo nuevo

Cuando soltás una conducta vieja, aparece el vacío.

Y ahí mucha gente se desespera… y vuelve corriendo a lo conocido.

Pero el vacío es parte del proceso.

El vacío —bien sostenido— es una matriz: ahí entra lo nuevo.

Eso es fe (pistis). No la fe de repetir frases, sino la fe de decir:

“Dejo esto que ya sé que me destruye… y banco la incertidumbre sin volver atrás.”

Ahí cambia todo.

Desdoblamiento del tiempo: dejar de alimentar el pasado para cambiar de vía

dicho simple:

Tu vida no es una sola línea.

Hay decisiones que abren vías.
Y hay vías que existen al mismo tiempo.

Existe un “vos” que siguió repitiendo lo mismo… y existe otro “vos” que hizo el corte y está mejor: más sano, más libre, más abundante, más entero.

El error es querer “llegar” a esa versión futura llevando el mismo pasado en la mochila.

No funciona.

Si querés cambiar de vía, hay una condición:

dejar de alimentar el pasado con la misma forma de pensar, hablar, sentir y justificar.

Porque cada vez que volvés a ese pasado como identidad, te quedás en esa línea temporal.

El salto es lateral. Es cambio de carril.

Y sí: no es fácil aplicarlo.
Pero tampoco es imposible.

Ya estamos grandes.


Acompañar sin salvar: el punto fino de la ética

Una pregunta clave que apareció fue:

“Si acompaño a otros, ¿no vuelvo al pasado?”

Depende desde dónde lo hagas.

Si lo hacés desde superioridad, desde necesidad de rescatar, desde “junta de víctimas”… tu cuerpo te lo va a mostrar.

Pero si lo hacés desde un lugar iniciático, es distinto:

  • veo un alma en recorrido
  • tengo el honor de dar un mapa
  • no te pongo abajo
  • no me pongo arriba
  • no te salvo
  • te acompaño hacia tu maestría

Y un indicador es simple:

¿hay brillo o hay drenaje?

Cuando aparece exigencia, obligación, desgaste, resentimiento… algo se torció.
Cuando hay brillo, disfrute, presencia y humildad… estás en ética.


La práctica diaria: limpiar el espejo

Si vas a guiar procesos, si vas a sostener un camino, esto no es de “un día”.

Es todos los días.

Levantarte y decir:

“Ok. Hoy mi ética. Hoy mi energía. Hoy limpio mi espejo.”

Y cuando aparece algo afuera que te incomoda, en lugar de salir a corregir el mundo:

lo siento, perdóname, te amo, gracias
(no como mantra mágico)
sino como recordatorio de humildad:

“Esto está en mí. Esto me viene a mostrar algo. Esto lo sano en mí… y la realidad responde.”

Ese lugar, para mí, no falla.


Cierre: si querés ser luz, elegí de qué lado jugás

Esto no es para quedar bien.
Es para crear una vida que hable.

Porque al final, no importa lo que decís.
Importa lo que tu vida genera: en tu cuerpo, en tu economía, en tus vínculos, en tu presencia.

Si querés ir más allá de la información y entrar en el territorio real de la maestría, el próximo conversatorio es sobre el Alma.

No para tener “otra clase”.
Para conversar como corresponde: de maestros a maestros.

Y ahí sí… se vuelve un camino vivo.

Nos vemos.

4 comentarios en “Ética cuántica: el día que entendí que “sanar al otro” puede ser ego”

  1. Gracias Ulises. Yo hice el hoponopono y si lo entendí como un mantra. Pero aquí tu lo haces ver en otro punto. Para que logremos cambiar lo que nos incomoda del otro porqué en nuestro interior ahí ese que veo afuera??? Espero haber comprendido correctamente y seguir buscando a ser mejor de adentro asía afuera..

    1. Gracias por tu comentario. Claro, Buda decía eso eres tu, y le preguntaba que todo eso que ves afuera eres tú. Debemos sanarlo en nuestro nuestro interior.

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