El día que entendí que no había que seguir trabajando el ego… había que decir basta

El día que entendí que no había que seguir trabajando el ego… había que decir basta

El día que entendí que no había que seguir trabajando el ego… había que decir basta

Hay encuentros que no vienen a enseñar algo nuevo.
Vienen a recordarte lo que ya sabés, pero no estás usando.

Este fue uno de esos encuentros.

Nos reunimos después de un enero extraño, denso, largo.
Como si tres meses hubieran ocurrido en uno solo.
Y no fue casual.

El año 10 —el 1 y el 0— trajo una pregunta clara:
¿Quién va a responder ahora: el ego o vos?


El Acecho: mirar sin identificarse

El Acecho no es lucha.
No es corregirse.
No es “trabajar” algo eternamente.

Es observar.

Observar a esa entidad que se apega a formas, historias, sensaciones.
Observar de qué se alimenta, qué le interesa, qué la hace gozar.

Porque el ego goza.
Goza del miedo.
Goza de la duda.
Goza del drama.
Goza de la historia personal.

Y ese goce es lo que nos hace olvidar.

Olvidar que no venimos a aprender.
Venimos a recordar lo que somos.


El pasado pesa… literalmente

Cuando miramos el tiempo desde otro lugar, algo se vuelve evidente:
el pasado pesa.

Pasado – pesado.
No es solo una metáfora.

Cuando una persona habla todo el tiempo desde su historia personal, se siente.
El cuerpo lo percibe.
La energía lo muestra.

¿Cómo vas a subir una montaña cargando todo eso?

Por eso el vaciamiento.
Por eso la recapitulación.
No para negar lo vivido, sino para dejar de usarlo como ancla.

El pasado no está para tirarte hacia abajo.
Está para mostrarte todo lo que no querés repetir.


El gran engaño: “lo estoy trabajando”

Hay una frase que parece consciente, pero muchas veces es una trampa:
“Lo estoy trabajando”.

Cuando ya sabés hacia dónde querés ir,
seguir “trabajando” indefinidamente algo que ya viste
es otra forma de goce del ego.

Llega un momento en el camino en el que hay que decir:

Basta.

Basta de dudar.
Basta de pedirle permiso al miedo.
Basta de otorgarle autoridad a una entidad que nunca supo llevarte a buen puerto.

La autoridad no está en el ego.
Está en todo lo que ya atravesaste.

Y cuando lo ves, el miedo se revela como lo que es:
una ilusión.


La decisión que inicia de verdad

Hay un punto iniciático que no se puede esquivar:
la decisión.

No una decisión mental.
Una decisión existencial.

Decidir cómo querés existir en esta encarnación.

No en abstracto.
No algún día.
Ahora.

Verbalizarlo frente al espejo.
Nombrarlo.
Ubicarlo en esta línea temporal.

Porque cuando lo decís,
no solo te escuchás vos:
le estás dando una orden al universo.


Los tres referentes del alma, llevados a tierra

Durante mucho tiempo hablamos del brillo del alma como:

  • Alegría

  • Belleza

  • Creatividad

Pero hacía falta bajarlo al cuerpo.

Por eso este ajuste clave:

  • Alegría → Libertad

  • Belleza → Disfrute

  • Creatividad → Confianza (Pistis)

Cuando hay libertad, aparece la alegría.
Cuando hay disfrute, aparece la belleza.
Cuando hay confianza, la creatividad se manifiesta.

Estos no son conceptos abstractos.
Son estados corporales, sexuales, energéticos.

Y desde ahí se vive distinto.


Dinero, amor y apertura del corazón

Hay un punto sensible que siempre aparece: el dinero.

¿Y si el dinero también fuera amor?
¿Y si recibir dinero fuera permitirte recibir más amor?
¿Y si el límite no estuviera afuera, sino en cuánto tu sistema nervioso soporta recibir?

Abrir el corazón no es solo dar.
Es recibir sin culpa.

Recibir tiempo.
Recibir apoyo.
Recibir abundancia.

Porque el universo da todo el tiempo.
Somos nosotros los que muchas veces decimos:
“No, gracias”.


Manifestar desde el sentir

No podés experimentar lo que no conocés.
Pero sí podés sentir como si ya lo estuvieras viviendo.

Por eso el trabajo con el doble, con el futuro, con la imaginación encarnada:

  • Sentir la confianza

  • Sentir la libertad

  • Sentir el disfrute

Y subir el volumen de esas sensaciones.

El corazón genera el campo electromagnético.
Y ese campo es el verdadero imán.

No se trata solo de pensar distinto.
Se trata de vibrar distinto.


Un cierre abierto

Este encuentro no cerró nada.
Abrió.

Abrió el Acecho.
Abrió la decisión.
Abrió el corazón.
Abrió el año.

Y dejó algo claro:

El camino no avanza por acumulación de saber,
sino por decisiones encarnadas.

A veces no falta entender más.
Falta decir basta…
y existir de otra manera.

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